Criando Hijos Bilingües

Date
May
7
20180507

Criando Hijos Bilingües

Dime dónde andas y te diré qué idioma hablas

Hace poco tuve la oportunidad de viajar a Chile de vacaciones. Consideraba importante pasar una temporada en nuestro país de origen, principalmente para que mis hijos no olvidaran sus raíces y pudieran practicar su idioma nativo, el español.

Además, era la oportunidad perfecta para mostrarle a mi familia lo bien que mis hijos se estaban adaptando con el aprendizaje del idioma en Nueva Zelandia.

Para mi sorpresa, Tomás (6) y Magdalena (4) no quisieron demostrar sus habilidades lingüisticas y se rehusaron a hablar en inglés durante los casi dos meses que estuvimos de visita en nuestro país.

Tratando de comprender por qué, llegué a la conclusión que el ambiente en el que se desenvuelven, juega un factor  primordial para que tengan la necesidad de comunicarse. Al ser un país de habla hispana, rápidamente comprendieron que no era necesario hablar en inglés.

Comprobé que efectivamente, el lenguaje nace de la necesidad de comunicarse. Así como lo señala Charles Berlitz en su obra “El Maravilloso Mundo de los Idiomas”: “Fuimos creados como seres pensantes, desde nuestra primera infancia tuvimos muchas ideas y es allí donde el lenguaje se origina, ya sea de forma oral o escrita. El lenguaje es un código que lleva un mensaje con sentido común para concretar y expresar nuestros sentimientos”.

Siguiendo esa misma corriente de estudio, el Grupo de Investigación en Adquisición y Percepción del Habla, señala que los niños bilingües necesitan darse cuenta de la existencia de dos mundos lingüisticos diferentes, es decir, requieren hacer una discriminación de los idiomas existentes en su entorno.

Pero ¿Cómo se aprende un idioma? ¿Cómo adquirimos y dominamos el lenguaje, y cómo funciona?  El cerebro humano es uno de los grandes enigmas de la ciencia y hasta el día de hoy, es difícil definir cómo aprendemos a hablar.

Para Berlitz, todo parte del núcleo familiar donde crece el niño, y en base a su propia experiencia cuando pequeño, comenta lo siguiente en su libro “Native Tongues”: “Cuando recién empecé a hablar, aprendí cuatro idiomas al mismo tiempo, ya que cuatro integrantes de mi familia me hablaban exclusivamente en esos idiomas. En ese momento, no entendía que eran cuatro lenguajes distintos, solo creía que eran formas diferentes de hablar, y si lo piensas, es una buena manera de definir los idiomas”.

Según los estudios de Noam Chomsky, los niños nacen con aptitudes linguísticas innatas que  se activan dependiendo del entorno. Siguiendo la misma línea, Jean Piaget postula que la comunicación e interacción con el ambiente es lo que activa el aprendizaje de un nuevo idioma.

La lingüista Barbara Zurer, lo retrata con la siguiente metáfora. “Las lenguas son dos árboles en un bosque. Los dos árboles son independientes, están plantados en el mismo suelo, pero cada uno tiene sus raíces. En el bilingüe tardío, uno de los árboles es el único que tiene raíces propias (la lengua materna) y sobre él crece una planta que se alimenta de la primera y depende de ella (la segunda lengua)”.

Sea cual sea la mecánica en la que se aprende una lengua en particular, los niños poseen una alta capacidad para activar simultáneamente el idioma, y en muchos casos, sin siquiera ser conscientes de qué idoma están hablando.

Buscando más respuestas, me fui dando cuenta de cómo mis hijos han sido especialmente flexibles para aprender las reglas sintácticas del inglés.

Con apenas 4 y 6 años, han sido capaces de arriesgarse a hacer inferencias sin temor a equivocarse, y eso a mi juicio, ha sido clave para desarrollar el bilingüismo en estos años en Nueva Zelandia.

Según un estudio del Instituto de Aprendizaje y Ciencias del Cerebro de la Universidad de Washington, hasta los 7 años a los niños les resulta fácil aprender dos idiomas y pueden manejarse al mismo nivel con los dos. Ya a partir de los 8 y hasta los 18 años, el aprendizaje pasa a ser más académico y por ende, más dificil hablarlo con la misma naturalidad.

La inmersión es otro factor que crea la necesidad de aprender más de un idioma y el cambio de casa al que nos vimos enfrentados, ha sido gatillador en sus cerebros.

A medida que transcurrieron  los meses, mis aprehensiones de cómo serían sus adaptaciones, cómo podrían comunicarse y hacerse entender, y qué tan difícil sería  relacionarse con su entorno, fueron disipándose.

Cada vez que buscaba algún tipo de orientación- ya sea en el colegio, jardín o con amigas con niños pequeños- el consejo era el mismo: que el idioma en un país de habla inglesa afloraría por cuenta propia gracias a la inmersión.

Efectivamente, estudios demuestran que el cerebro es más flexible y activo en la infancia y hay una mejor capacidad cognitiva. Y eso se aplica como primera regla en Nueva Zelandia, teniendo una aproximación a la educación en la que los niños se divierten y juegan aprendiendo.

Las ventajas de los niños bilingües

A pesar de los múltiples beneficios, dejarlos en el jardín sin saber si podrían comunicarse continuaba siendo muy agobiante. El proceso tomaría tiempo y había que buscar técnicas para transmitirles seguridad y confianza. ¿Cómo apoyarlos a fin de conseguir el desarrollo del idioma?

Según el estudio de Raymonde Sneddon, especialista en aprendizaje y enseñanza de idiomas, “los niños bilingües se concentran mejor, son capaces de descartar fácilmente la información que no es útil y tienen más capacidad para analizar y resolver problemas de lógica y matemáticas”.

Cuanto más pequeño sea el niño, mas facilidad tendrá para escucharse, familiarizarse y aprender otro idoma. Las destrezas que desarrollan son de alguna forma selectivas, se conectan con los detalles y omiten información irrelevante.

En mi caso, la lectura resultó de gran ayuda. Los cuentos con ilustraciones llamativas y temáticas de animales, colores y formas, cumplieron el objetivo de introducir el lenguaje de una forma amena y divertida, educando el oído según los ritmos y entonaciones en esta primera etapa infantil.

Los niños que se ven enfrentados a dos lenguajes crecen como si estuvieran dos personas monolingües viviendo en su cerebro, por lo que si logran estar bien equilibradas, estos niños tienen una ventaja de pensamiento que tiene efectos muy positivos en su inteligenica.

Los niños expuestos a varios idiomas son más creativos y solucionan mejor sus problemas y conflictos. Gozan de un conocimiento más amplio y un gran desarrollo intelectual.

Transcurridos dos años,  puedo decir que efectivamente los niños desarrollan el bilingüismo de forma natural y espontánea, gracias a la inmersión y a su natural sentido de exploración e imaginación.
 
Los niños adoptan sin mayor esfuerzo el idioma del lugar donde viven, porque es el idioma predominante que se habla fuera de la casa. Mientras que su idioma nativo, lo aprenderán  con mayor naturalidad con su entorno más directo y familiar.

Además, los niños bilingües gozan de una amplia experiencia de cometer errores en la aplicación del lenguaje para cada situación y adquieren consciencia de que el resto del aprendizaje es una comprobación de hipótesis y representará un esfuerzo constante.

Ahora mi inquietud es otra, ¿Cómo preservar el español? ¿Qué dificultad conllevará aprender a leer y escribir español en un entorno de habla inglesa?


Por Pilar Cepeda

Fuentes:
“El Maravilloso Mundo de los Idiomas” y “Native Tongues”, Charles Berlitz
“El Bilingüismo induce una especialización cerebral en niños de 4 meses”, Núria Sebastián Gallés
“Influencia del bilingüismo en la estrategia cognitiva y el desarrollo cognitivo”, Sandra Bez-Zeev.
www.hacerfamilia.com/educacion/bilinguismo-idiomas-ninos-bilingues-lengu...
“bilingüismo temprano, más capacidades para el futuro”, El Periódico (25/02/2018)