“El individuo no puede ser nunca más importante que la comunidad”

Date
Nov
27
20171122

“El individuo no puede ser nunca más importante que la comunidad”

A muchos de los extranjeros o pākehā que vivimos en Nueva Zelandia, nos asombra la genuina y pacífica convivencia que el pueblo maorí tiene con los neozelandeses.


A simple vista, la cultura maorí se respeta y se muestra con orgullo. La mayoría de los barrios, escuelas y ciudades llevan nombres en Te Reo, el idioma oficial de los maorís. Su cultura y riqueza patrimonial se exhibe en parques, museos y espacios públicos. Sin duda que la persistencia y tesón del pueblo maorí ha sido clave para la subsistencia de su gran patrimonio y legado.


Para conocer un poco más su historia y aspiraciones conversamos con Patrick McGarvey, colaborador en temas maorí en NZTC y  uno de los líderes de la tribu Tūhoe, de la región de Te Urewera, ubicada en la isla del norte. Con aproximadamente 40 mil habitantes, esta comunidad destaca por su fuerte adherencia a la identidad maorí y el uso del lenguaje.


Para mi sorpresa, la comunidad que habita en Nueva Zelandia es realmente numerosa. Según el censo realizado el año 2013, más de 561 mil personas son de raza maorí, lo que equivale a que 1 de cada 7 personas que viven en Nueva Zelandia provienen de esa etnia.


“Existen cientos de tribus maorís en Nueva Zelandia”, me aclara Patrick. “Es algo similar a lo que ocurre en Sudamérica, con todos los diferentes países y sus habitantes, aquí antes que los Europeos llegaran a Nueva Zelandia, eramos todos considerados de distintas etnias, con algunas conexiones y vínculos, pero diferentes”.


En la actualidad, hay cientos de iwi (tribus) que están asentadas en distintos extremos de este país y que luchan día a día por conservar y preservar sus tradiciones y su mayor riqueza: su lengua nativa, Te Reo Māori.


Se calcula que 10.000 de ellos viven en las fronteras y alrededores, y aún gozan de un sistema de vida estructuralmente muy tradicional: las familias están organizadas en hapū o sub tribus, en valles o en zonas de la región de Te Urewera, y hacen las cosas colaborativamente, tratando de adaptarse al contexto del siglo XXI en el que vivimos.


Patrick es uno de ellos, uno de los líderes de su iwi, impulsor de acuerdos importantes para su pueblo. Se ha desempeñado como traductor de maorí y colaborado en NZTC en un gran número de traducciones para programas educativos, entre otros temas. Asimismo, ha realizado trabajos de intérprete, todo esto con el fin de traspasar su idioma en las futuras generaciones.
Cuáles son las mayores dificultades para traducir del inglés al Te Reo? le preguntamos. “Algunas veces es difícil expresar el lenguaje maorí, ya que hay frases que no tienen una traducción literal al inglés, por lo que tienes que encontrar la frase equivalente. Además, la tribu Tūhoe a la cual pertenezco, tiene su propio dialecto, y debo ser precavido de no usar esos términos al traducir, de lo contrario ni la gente maorí lo podría entender”.


Una de las cosas que más me llama la atención es el sentido de trascendencia que tienen por su tierra, ancestros y legado.  Patrick me dice que los maorís tienen una conexión especial con un lugar determinado, con una tierra, una historia que los precede “tenemos una responsabilidad por asegurar que nuestra cultura y patrimonio siga intacto para las futuras generaciones”, y me da un ejemplo para entender cómo se organizan las comunidades.  “Hoy soy un maorí que vivo en una comunidad que ha existido por siglos, miles de años y tengo una obligación de asegurar que mi tribu permanezca viva por más siglos en el futuro. A diferencia de la cultura occidental (pākehā), en la que solo importa la vida diaria, naces en un período y eres solo un pequeño punto en la continuidad. Compras una casa, vives allí por un periodo, no tienes mayores preocupaciones por quien la comprará después. Pero en mi cultura, tú eres el guardián y responsable de asegurar que se preserve en buen estado. En tus manos está el patrimonio de la gente del pasado y del futuro, por lo que tienes una obligación de entregarla a tus propios hijos y los venideros”.


En la cultura maorí, las tribus o iwi, se subdividen en tribus o hapū, compuestas por diversas familias, y estas sub tribus se comunican e interactúan para la toma de decisiones, ya sea para pequeños o grandes proyectos que requieren un esfuerzo único y más organizado. “En nuestra cultura, el individuo no puede ser nunca más grande o importante que la comunidad. Somos parte de un colectivo, es parte de tus obligaciones y no puedes desligarte de eso. Si yo viviera en un mundo occidentalmente dominado, estaría libre de esas tareas, iría a trabajar, luego a casa, no tendría que ser parte de un colectivo. Puedes ver en política, que los individuos quieren ser líderes porque tienen ambiciones personales, en cambio en mi tribu el liderazgo tiene que servir los beneficios de la comunidad, si fallas y decepcionas a la gente, tienes que dar un paso al costado, para que reine la prosperidad”.


Uno de los grandes desafíos por delante para el pueblo maorí es cómo cautivar a las nuevas generaciones por mantener este legado y preservarlo en el tiempo. Para Patrick el lenguaje es una de las claves. “Hacer el lenguaje accesible a las personas y usar los recursos tecnológicos en beneficio del idioma, permitirá que las generaciones jóvenes que hablan maorí sigan interesándose en su propia lengua. En Nueva Zelandia, el inglés es el lenguaje predominante, por lo que la actitud de la familia es vital. Hoy tenemos mayores recursos y mayor visibilidad, nuestra lengua está en la televisión, en la radio, se escribe en diarios, es la actitud de la persona de tener la energía de mantener vivo nuestro idioma lo que importa”, asegura esperanzado.


Afortunadamente, hoy en Nueva Zelandia hay una gran cantidad de personas que trabajan aunadamente en eso y nuestro idioma está presente en escuelas primarias, secundarias y en jardines. “Si está esparcido por la comunidad es mucho más fácil su preservación. Pero la batalla para el futuro es mantener la actitud”, señala.


Respecto al rol que juega el estado en la preservación de la lengua, reconoce que ha habido avances y que hay un compromiso para una normalización del maorí en la sociedad en su conjunto, “algo de real importancia para entender la historia de Nueva Zelandia”, explica. “Mucha gente aún no entiende cómo Nueva Zelandia fue colonizada, no tienen empatía por los sufrimientos y apremios que los indígenas tuvieron que pasar para mantener la lengua y la cultura. La colonización sigue siendo muy fuerte en Nueva Zelandia”.  Y agrega que es un proceso que tomará dos o tres generaciones a lo mínimo, “porque tú no puedes borrar el pasado de 150 años en un período tan corto”.


Sobre eso recuerda que una gran porción de su territorio fue confiscado en 1860 y desde ahí a la fecha han luchado y reclamado por la recuperación de sus tierras. “La colonización utilizó variados métodos, entre ellos la fuerza militar y legislaciones para desestimar y disminuir la influencia Tūhoe. Originalmente, con la idea de exterminar nuestro pueblo pero luego con la llegada de la paz, se hicieron leyes para continuar con el efecto colonizador, y posteriormente vino el sistema educativo, una forma más de atomizar nuestra cultura y asemejarla a la forma occidental.  Yo he sido testigo de procesos de conciliación, en los que logramos que la corona asumiera sus errores,  recibimos dinero y compensaciones. Pero hoy decidimos seguir adelante y aunar esfuerzos por reconstruir nuestra nación e infraestructura, para darle prosperidad a esas futuras generaciones”.


Sin duda que aún queda mucho por hacer, pero la mentalidad del pueblo maorí y la persistencia han sido claves en el respeto y admiración de un pueblo que ha mantenido sus tradiciones hasta el día de hoy.  Para Patrick no hay fórmula perfecta, simplemente “hablarnos, entendernos, aceptar que estamos aquí para quedarnos, maorís y pākehā, así podremos asegurar que nuestra cultura sea aceptada y normalizada en el tiempo”, concluye.